Amable Arias Yebra

Sin título - Amable Arias Yebra

Obra: Sin título.

Fecha: Donado al I.E.B. antes de 1997.

Técnica: Dibujo sobre papel.

Dimensiones: 35,5 x 50 cm.

 

Collage de la serie La Jirafa Cuadrada - Amable Arias YebraObra: Collage de la serie La Jirafa Cuadrada.

Fecha: 1974.

Técnica: Collage. Técnica mixta.

Dimensiones: 37,5 x 24,5 cm.

Datos sobre el autor

Nació en 1927 en Bembibre. En 1936 a poco de empezar la Guerra Civil, Amable sufrió un accidente al ser aplastado por un vagón de tren, lo cual supuso unas secuelas que le obligaron a andar en muletas durante el resto de su vida. En 1942 toda la familia se traslada a San Sebastián, fueron unos años muy duros, en los que su padre maltrataba a su madre y finalmente termina por abandonarlos. Después de cierto tiempo, Amable empezó a salir de casa y se inició en el dibujo en el estudio de Martiarena. En 1956 pintas sus primeros óleos. Son paisajes de Bembibre y en ellos se descubren una serie de rasgos que van a ser una contante en su pintura.

Amable, usaba como estudio un sótano en la donostiarra calle Garibay, y allí decide organizar junto con su amigo, el pintor Rafa Ruiz Balerdi, una exposición colectiva de oposición a la línea “oficial” de la ciudad; llamada “De los 10” que sentaría un precedente para el posterior desenvolvimiento de lo que sería el Grupo Gaur. Cada vez más controvertido por su postura rebelde, en 1963 su exposición de los “Espacios Vacíos” en las Salas del Ayuntamiento crispó el ambiente de la ciudad hasta el punto de que el alcalde prohibió en el futuro cualquier otra manifestación parecida. Amable siguió pintando paisajes en el Bierzo, interpretando su identificación con la tierra en una línea cada vez más cercana a la abstracción, aunque el retrato, que siempre estuvo presente en su obra, le impide desprenderse por completo de la figuración. La figura de la mujer tuvo una especial importancia en la vida de Amable. Tanto los testimonios personales como la repercusión que alcanzó la temática femenina en su obra plástica y en sus escritos corroboran este rasgo psicológico. En 1964 expuso en la galería Neblí de Madrid, en 1965 en la galería Maeght de París, en 1967 en la Galería Barandiarán de San Sebastián...

Durante los años 1966-1967 se concentra en la “pintura del átomo” o “pintura de la gota”, un proceso reductor en el que va descomponiendo la materia por medio de pequeños toques de pincel. Son cuadros generalmente de gran formato en los que el vacío ocupa grandes áreas.

En 1970 alquiló un pequeño estudio en el que dio rienda suelta al torrente de imaginación e ideas que poseía. Se alejó de las actividades públicas y se concentró en su mundo interior, en su propia obra; mientras sufría la marginación de los estamentos oficiales como consecuencia de toda una trayectoria en la que se impuso un estereotipo de “pintor maldito”. Aunando las tendencias abstractas y figurativas sus cuadros se fueron poblando de personajes llenos de delicadeza, humor y utopía. Para Amable la obra artística abarcaba un campo total. No hacía distinción entre óleo, obra gráfica, escritura y sonido. Investigó con los métodos menos ortodoxos impidiéndole el vicio de acomodación.

Los últimos años de Amable, marcados por la proximidad de una muerte anunciada, promovieron en él un deseo de apurar el tiempo con una actividad desbordante. Como casi todos los intelectuales y artistas avanzados de entonces, Amable sostuvo una postura antifranquista, y su reflexión ideológica y teórica le llevó a situarse en una línea radicalmente marxista. Murió en 1984 a consecuencia de un coma urémico por fallo renal. Tenía 55 años.