Introducción

Las Médulas

¿Qué son Las Médulas? 

Entre las numerosas y espectaculares huellas que ha dejado la minería romana a lo largo de la geografía peninsular, Las Médulas ocupa un lugar de primer orden. Es un hito tradicional en la historiografía minera como ejemplo, tanto de la tecnología romana, como de la transformación del territorio y sus habitantes.

¿Cómo se explotaron?

Dirección técnica de los trabajos

    • Presencia del ejército
    • Medios técnicos

Desde el último tercio del siglo I d.C. en la Península Ibérica sólo quedaba una legión, la Legio VII Gémina, estacionada en León, y diferentes unidades auxiliares de diversa entidad. Ya no se trata de un ejército de ocupación, sino de un ejército permanente, cuyas tareas no responden ya a necesidades de sometimiento. Así, la presencia de soldados en las áreas mineras del Noroeste es una constante; esta presencia tiene que ver, sin duda, con la vigilancia de las poblaciones locales, pero también desempeñaron un importante papel técnico en el desarrollo de la actividad minera: El trazado de los canales, las tareas de prospección, etc.

Tácito (Ann. 12-20) menciona el uso de soldados como técnicos en las minas de Germania, y añade que lo mismo sucedía en otras provincias.

Ya hace años que Domergue recaba la importancia del ejército en las explotaciones mineras, cuyo papel era, no sólo de pacificador de la gran cantidad de mineros, esclavos o libres, sino de ingenieros. En las cercanías de las Arrugies del Teleno, se localiza la administración de las minas de la región y un destacamento militar de la Legio VII Gémina mandado por un centurión. (Blázquez, J.M. Roma. Agricultura y minería romanas durante el Alto Imperio).

Dioptra"Explicaré ahora el modo de conducir el agua…: para cuyo efecto la primera diligencia será la nivelación.
 Ejecútase ésta con las dioptras, con niveles de agua, o con el corobate; pero mas exactamente se ejecuta con éste, porque las dioptras y niveles engañan. El corobate es una regla larga hasta veinte pies (corobate o chorobates en voz griega, compuesta de chora, que significa país o región; y de bater o báteo, que es andar o caminar, o que anda y camina; como si dijera, un nivel que anda el campo o región que se nivela): tiene a los extremos sus piernas exactamente iguales, y unidas con ella a ángulos rectos. Entre la regla y las referidas piernas van unos travesaños unidos a ellas por los cabos, los cuales tendrán señaladas líneas perfectamente á plomo, y desde la regla colgará un perpendículo a cada parte, los cuales, si colocado el instrumento, besan igualmente las líneas descritas, indicarán que está a nivel.

Pero si el viento no deja posar las perpendículas sobre las líneas, entonces se llenará de agua una canalita que tendrá la regla en la parte superior, larga cinco pies, ancha un dedo, honda dedo y medio, y si llega igualmente a los bordes de la canal, se sabrá que está a nivel. Con este corobate, se hará la nivelación, y se sabrá el declivio."

ORTIZ Y SANZ, J. "Marco Vitruvio Polión - Los Diez Libros de Arquitectura" - 1787. Editorial Akal - 1987

El chorobates estaba formado por una regla de veinte pies de largo (casi 6 m.) con patas, dotada de plomada y nivel de agua para su nivelación y que actuaría como un nivel actual, permitiendo una mayor precisión que otros aparatos topográficos, como la dioptra o nivel de pínulas, para trazar las visuales, ya que sus dos puntos de mira se hallaban más distantes.

Chorobates

Los sistemas de explotación

La descripción de Plinio el Viejo (23 - 79 d.c.) es suficientemente ilustrativa del trabajo que requería realizar la ruina montium.

"El tercer procedimiento supera al trabajo de los Gigantes; las montañas son minadas a lo largo de una gran extensión mediante galerías hechas a la luz de las lámparas. Su misma duración sirve para medir los turnos y por muchos meses no se ve la luz del día. Este tipo de explotación se denomina 'arrugia" y de improviso se producen grietas y hacen perecer a los trabajadores, de tal forma que parece menos arriesgado ir a buscar perlas y conchas de púrpura al fondo del mar; ¡tan peligrosa hemos hecho a la tierra! Por ello se dejan numerosas bóvedas para sostener las montañas...

En efecto, existe una tierra de cierto tipo de arcilla mezclada con guijarro, la llaman 'gandadia" (o 'gangadia'), casi inexpugnable. Se la ataca con cuñas de hierro y con los mismos mazos (de 150 libras de peso, -casi 50 kg-, y nada es más duro, sino aquello que resiste más que todas las cosas, la avidez de oro.

Acabado el trabajo de preparación, se derriban los apeos de las bóvedas desde los más alejados; se anuncia el derrumbe y el vigía colocado en la cima de la montaña es el único que se da cuenta de él. En consecuencia da órdenes con gritos y con gestos para poner en aviso a la mano de obra y a la vez, él mismo baja volando.

La montaña, resquebrajada, se derrumba por si misma a lo lejos, con un estruendo que no puede ser imaginado por la mente humana, así como con un increíble desplazamiento de aire. Los mineros victoriosos contemplan el derrumbe de la Naturaleza. Pero ni aun así se ha conseguido el oro, ni se sabe si existe una vez han realizado la excavación,...

Las tierras que en el anterior sistema (el de los pozos o minería convencional) se evacuan con gran trabajo para que no ocupen los pozos, en éste (el de la ruina montium o arrugia) son transportadas por el agua. El oro obtenido mediante la arrugia no se funde sino que es oro al instante...

Algunos dicen que se producían 20.000 libras cada año por este sistema en Asturia, Gallaecia y Lusitania, pero la mayoría lo produce Asturias y que en ninguna otra parte se mantiene esta fertilidad por tantos siglos."

Plinio el Viejo, Historia Natural, 93, 70-7S

Los trabajadores

Tablilla dácica: Alquiler de jornadas de trabajo para una explotación aurífera (fol.55)

"En el consulado de Macrino y Celso (164 d.c.), trece días antes de las calendas de Junio. Lo escribí yo, Flavio Secundino, a petición de Memio, hijo de Asclepio, porque afirmó que no sabe escribir. Dijo que había alquilado sus jornadas de trabajo (operae) a Aurelio Adjutor, para una explotación aurífera, desde el día de la fecha hasta los próximos idus de noviembre, en 70 denarios y la comida. Deberá recibir el salario fraccionado en varios plazos. Deberá realizar jornadas de trabajo completas, sin deducciones por enfermedad, en favor del contratista (conductor) antes mencionado (es decir, Aurelio Adjutor). Si contra la voluntad del contratista, interrumpe su trabajo o abandona la explotación, se le descontará del salario cinco sestercios por cada día. Si las corrientes de agua impidieran trabajar, la jornada se considerará válida. Si transcurrido el plazo, el contratista se retrasara en el pago, estará sujeto a la misma penalización, salvo que la explotación se haya interrumpido tres días.

Firmado en Imenoso Mayor.

Firman el trabajador (Memio, hijo de Asclepio) y los socios del contratista: Titio, hijo de Beusante, apodado Bradua, y Socratión, hijo de Socratión."

 FIRA III, n.150

¿Por qué se explotaron?

    • Para asegurar las fronteras
    • Para explotar las riquezas minerales

Cuando Roma acometió de forma definitiva la conquista del norte y del noroeste hispanos, hacía ya dos siglos que se había iniciado el control de la Península Ibérica. Hacia los años centrales del siglo I a.C. el cuadrante noroccidental era la única zona que quedaba sin dominar, después de las llamadas guerras lusitanas y de las celtibéricas. Estos conflictos, desde el último tercio del siglo II a.C. habían puesto ya en contacto a los romanos con los pueblos septentrionales: los autores antiguos los consideraban como un enemigo agresivo, violento, que personificaba todas las características de la barbarie desde el punto de vista romano, y justificaba el largo y difícil período de conquista.

Entre los años 29 y 19 a.C. fue cuando tuvo lugar la actividad de conquista más importante en los territorios cántabros y astures. Entre estas fechas (posiblemente hacia los años 26 y 25 a.C.) debieron de desarrollarse algunos de los episodios descritos por los autores antiguos (el ataque a la costa cántabra, la toma del Mons Medullius y de Lancia). Sin embargo, la prolongación de las guerras hasta al menos el 19 a.C., y aún la situación inestable hasta el cambio de era, sugieren un costoso proceso de control real de la zona. Parece lógico pensar que en este período fue cuando El Bierzo, paso necesario hacia Galicia, cayó en manos de los romanos. 

Sin embargo, la conquista del noroeste, y, por tanto, de El Bierzo, no puede ser explicada como una serie de batallas locales, que terminaron con el sometimiento de la zona, sino que debe de ser entendida en el marco global del Imperio: por una parte, supuso un momento esencial en la política de fronteras del emperador Augusto, empeñado en agrandar y dar coherencia territorial al Imperio, sin lagunas sin civilizar en su interior. Pero además, no podemos ignorar el interés despertado por el descubrimiento de las riquezas minerales de la región y sobre todo del oro. Aunque es seguro que las comunidades prerromanas astures y galaicas no explotaron los yacimientos de oro a gran escala, ni de una forma regular, tampoco cabe ninguna duda acerca de la obtención del metal mediante el bateo. Incluso como trabajo estacional o limitado a ciertos segmentos de la población, esta actividad permitió el desarrollo de una orfebrería relativamente rica, en especial en las zonas costeras y en áreas concretas del interior del norte de Portugal, Galicia y Asturias. A partir de estos indicios, los romanos debieron de interesarse por este recurso, y empezaron a realizar prospecciones sistemáticas, de forma que, en la primera década del siglo I d.C., en la región de Astorga, ya se habían puesto en marcha algunas grandes explotaciones.